A finales de enero de 2026, la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y la India ha marcado un hito en la historia del comercio internacional. Después de casi veinte años de negociaciones, ambas partes consolidan un pacto que no solo refuerza sus relaciones económicas sino que también abre un abanico de oportunidades para las empresas europeas en uno de los mercados de mayor dinamismo del mundo.
Este acuerdo implica la eliminación o reducción gradual de aranceles sobre aproximadamente el 97 % de las exportaciones comunitarias hacia la India. La medida busca simplificar procedimientos aduaneros, fortalecer la protección de la propiedad intelectual y ampliar el acceso a los mercados de servicios, consolidando así un marco que favorece la competitividad europea. La Comisión Europea estima que estas medidas podrían duplicar las exportaciones de la UE en la próxima década, generando ahorros que podrían ascender hasta los 4.000 millones de euros anuales.
Para las empresas del Viejo Continente, este acuerdo representa una oportunidad de crecimiento estructural y no meramente coyuntural. Según Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 España, «el acuerdo no modifica las reglas del mercado per se, pero sí altera los incentivos al reducir las fricciones comerciales y optimizar los costes». La reducción de barreras facilita a las compañías europeas una expansión más eficiente en un continente emergente y en expansión como la India.
El contexto geopolítico también influye en la relevancia de este pacto. En medio de una desaceleración en China y crecientes tensiones comerciales mundiales, el mercado indio se presenta como una alternativa segura y escalable. La apertura arancelaria permite a las empresas europeas ofrecer productos a precios más competitivos, diversificar sus flujos comerciales y ganar resiliencia frente a las incertidumbres globales.
Sectores clave en Europa ya vislumbran beneficios concretos. La industria automotriz, por ejemplo, verá una disminución significativa en los aranceles —que en algunos casos alcanzan hasta el 110 %— reduciéndose a valores cercanos al 10-30 %. Marcas como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz podrían experimentar una mejora en su competitividad, ampliando su presencia en un mercado que demanda cada día más vehículos de alta calidad y tecnología avanzada.
Asimismo, la maquinaria industrial y el equipamiento técnico, representados por empresas como Siemens y Schneider Electric, se verán favorecidos por la reducción de barreras comerciales, facilitando la expansión de sus soluciones en la India. El sector farmacéutico, con compañías como Bayer y Philips, también anticipa beneficios al contar con una regulación más simplificada que agiliza la entrada y expansión en un mercado sanitario con alta tasa de crecimiento.
El ámbito del consumo, particularmente las marcas de lujo y bebidas, no queda exento. Empresas como Pernod Ricard y Heineken podrán aprovechar una reducción en los aranceles sobre productos alimenticios y cosméticos, potenciando su presencia en un mercado de consumo con preferencias cada vez más globalizadas.
Más allá de los beneficios inmediatos, el pacto dicta una transformación en la estructura comercial europea. India no solo se perfila como un destino de exportaciones, sino como un socio estratégico en las cadenas de producción y suministro. Esta integración funcional aumenta la resiliencia de las empresas ante un escenario geopolítico más complejo y fragmentado.
Para los expertos, el éxito de esta nueva etapa dependerá en gran medida de la capacidad de las firmas europeas para seleccionar cuidadosamente las oportunidades y gestionar eficazmente sus recursos en este entorno cambiante. La clave no reside en una mayor exposición, sino en la adopción de estrategias que permitan convertir esta apertura en un crecimiento sostenido y rentable, haciendo que el acuerdo sirva como un catalizador para un comercio más eficiente y adaptado a las nuevas realidades globales.








