Ahorrar es cada vez más difícil para muchas familias, y no solo por la cesta de la compra, la vivienda o la energía. También pesa el salario que se va en impuestos y cotizaciones antes de llegar al bolsillo. El último informe Taxing Wages 2026 de la OCDE confirma que en 2025 volvió a aumentar la presión fiscal efectiva sobre el trabajo en la mayoría de los países del organismo, y que el golpe fue especialmente visible en los hogares con hijos.
El dato general ya es suficientemente elocuente. Para un trabajador soltero sin hijos que cobra el salario medio, la cuña fiscal media de la OCDE —que suma IRPF y cotizaciones de trabajador y empresa, descontando prestaciones monetarias— se situó en el 35,1 % de los costes laborales en 2025. Es el nivel más alto desde 2016. Además, esa carga subió en 24 de los 38 países analizados.
España sale peor parada que la media. Según la OCDE, un trabajador soltero sin hijos con salario medio tuvo en 2025 unos ingresos brutos de 32.678 euros. De esa cantidad, el pago total a las administraciones ascendió al 23,5 % del salario bruto, mientras que la cuña fiscal total, incluyendo las cotizaciones empresariales, llegó al 41,4 %. El salario neto final quedó en 24.985 euros. Dicho de otro modo: por cada euro de coste laboral, una parte muy relevante no termina en la nómina disponible del trabajador.
Para una web orientada al ahorro, el problema no está solo en el porcentaje, sino en cómo se traduce en la vida diaria. La OCDE no utiliza expresamente la etiqueta de “clases medias y bajas”, pero sus datos sí apuntan a una realidad muy concreta: cuando sube la fiscalidad efectiva del trabajo, quienes más lo notan son los hogares con menos margen para absorber el golpe. En una renta alta, el impacto puede significar menos capacidad de inversión o de consumo discrecional. En una renta media o baja, en cambio, puede ser la diferencia entre llegar justos o no llegar a fin de mes. Ese efecto se agrava cuando hay hijos, alquiler o hipoteca y gastos fijos difíciles de recortar.
La propia OCDE destaca que en 2025 las mayores subidas medias se dieron en los hogares con hijos. Para una pareja con un único sueldo y dos hijos, la cuña fiscal media en la OCDE aumentó 0,46 puntos, hasta el 26,2 %. Además, la ventaja fiscal que estos hogares mantenían respecto a un trabajador soltero se redujo en 0,31 puntos, hasta quedar en 8,9 puntos. Es el segundo año consecutivo en el que esa ventaja se estrecha.
España vuelve a ofrecer una lectura incómoda. Para una pareja con un solo salario y dos hijos, la cuña fiscal fue del 36,8 %. Sigue siendo inferior al 41,4 % del trabajador soltero sin hijos, sí, pero la diferencia real se queda en apenas 4,6 puntos, claramente por debajo de la media de la OCDE. Eso significa que el sistema español alivia menos a las familias con hijos de lo que lo hacen, en promedio, otros países desarrollados. Para una economía doméstica apretada, esa brecha importa mucho.
Hay otro matiz importante. El informe explica que, en general, los sistemas fiscales de la OCDE siguen siendo más progresivos para los hogares con rentas más bajas y con hijos, gracias al papel de las desgravaciones y las transferencias monetarias. Pero que un sistema sea progresivo no significa que el problema desaparezca. Significa, más bien, que intenta compensar algo. Y si aun así la ventaja fiscal se reduce y la cuña fiscal sube, el resultado para muchas familias es una sensación muy conocida: el salario crece poco, el coste de la vida no da tregua y cada subida se nota demasiado.
En España, además, el informe muestra que el salario medio bruto pasó de 31.472 euros en 2024 a 32.678 euros en 2025, una mejora del 3,8 % nominal. Pero con una inflación estimada del 2,6 %, la ganancia real antes de impuestos fue del 1,2 %. Es decir, el sueldo medio avanzó, sí, pero no lo suficiente como para que muchas familias noten un alivio claro, sobre todo si a ese avance se le superpone una carga fiscal elevada y unos gastos cotidianos que siguen presionando el presupuesto.
Aquí es donde una web de ahorro debe poner el foco. Cuando se habla de impuestos al trabajo en abstracto, parece un debate técnico. Pero cuando se traduce a la economía del hogar, la cuestión cambia por completo. Las rentas más altas pueden tener colchón financiero, patrimonio o mayor capacidad para reorganizar su presupuesto. Las clases medias y bajas viven más expuestas: cualquier subida de retenciones, cualquier menor ventaja fiscal por hijos o cualquier estancamiento del salario neto pega directamente en el ahorro mensual. No recortan caprichos; recortan margen de seguridad. Y eso acaba afectando al fondo de emergencia, al ahorro para estudios, a la capacidad de afrontar una avería o al simple hecho de no tirar de tarjeta a final de mes.
La conclusión que deja la OCDE no es que los salarios hayan empeorado en todos los países, porque de hecho mejoraron en términos reales en la mayoría. La conclusión más incómoda es otra: trabajar sigue siendo caro, y en países como España el peso sobre el salario medio continúa por encima de la media del club de economías desarrolladas. Para quien busca ahorrar, eso significa una verdad poco agradable pero muy real: antes de pensar en grandes estrategias financieras, cada vez más familias tienen que defender primero su capacidad de conservar algo de dinero al final de mes.






